Con un estilo que cruza la retórica populista con las mañas tradicionales de la política electoral, Donald Trump sorprendió al escenario político norteamericano al anunciar un verdadero «plan platita» a solo 54 días de las elecciones legislativas. Durante una inédita convención del Partido Republicano en Dallas, Texas, el mandatario prometió que, si su espacio conserva el control del Congreso, otorgará un «dividendo» de 5.000 dólares en efectivo a cada ciudadano adulto de los Estados Unidos.
La propuesta, bautizada por el propio jefe de Estado como el «Dividendo Trump», representaría una erogación estatal calculada en 1,2 billones de dólares para las arcas públicas, una cifra desmesurada que choca de frente con la histórica bandera conservadora del déficit cero y el recorte del gasto. Sin especificar de dónde saldrán los fondos para financiar el cheque masivo, el anuncio desató inmediatas dudas técnicas en su propio bloque y obligó a su vicepresidente, JD Vance, a salir a aclarar de forma apresurada que la medida «no se trata de una compra de votos».
Detrás del impactante anuncio económico subyace la urgencia política de revertir el escenario adverso que muestran las encuestas, donde el oficialismo corre riesgo de perder la mayoría en ambas cámaras del Capitolio. Analistas norteamericanos recordaron que Trump ya ha realizado promesas similares de repartos de dividendos en ocasiones anteriores que nunca llegaron a concretarse, en un claro intento por movilizar a su electorado en medio de bajos niveles de aprobación popular marcados por el costo de vida.
















